Soledad: Escrito: Yelena Obando

Querida soledad te escribo para decirte que todo este tiempo que he pasado contigo ha sido estupendo. Mi soledad del alma, me has hecho entender que es necesario estar contigo para reflexionar, meditar y para encontrarme.

Durante todo estos años he sido feliz a tu lado mi soledad, me he visto cada vez al mirar mi reflejo en un espejo. Puedo entender que he cambiado, y no hablo de las arrugas que me ha salido, sino de cómo ahora al verme me amo. Todo este tiempo a solas me sirvió para valorarme, sabes mi autoestima la he construido, ahora sé que me amo tal cual soy. Al verme desnuda, con ropa, al desnudar mi alma, mi corazón, y todo en mí; puedo ver la hermosura de mujer que he estado escondiendo. En el silencio puede entender y escucharme, para así comprender que me envenenaba con cada palabra, pensamiento. Que al prestar mi oído para que otros hablaran de mi o dieran su opinión de lo que yo tenía que ser, les daba el poder de decidir sobre mí, cuando ese poder me lo ha dado Dios solo a mí. Para que tome decisiones, si esas decisiones que quizás me harán fracasar o triunfa. Pero por lo menos sé que fui yo la que decidí y nadie lo hizo por mí, que serán mis tropiezos y es por esto que necesitaba de ti mi soledad, mi silencio, para encontrarme y saber hacia dónde quiero dirigir mi vida.  

Lo sé tropezar me ha hecho fuerte. Una vez leí que las personas que han sufrido son las más agradecidas y fuerte, quizás la escritora tenía razón y sea así; no me considero una persona débil y mucho menos desagradecida. Pero soy de las que pienso que cada situación te obliga a definirte a decir o lo hago o hasta aquí he llegado. Pero la vida se trate de eso, de luchar para alcanzar lo que se quiere, de sufrir, de caer y levantarse, de lanzarte o simplemente mirar cómo otros lo hacen. 

Solo sé que las etapas vividas son necesarias. Cuando me he sentido con ganas de dejar todo y tirarme por el balcón de mi casa, lo que yo hago es hablar con Dios en esa soledad en la que me encuentro, por último escribo para sacar todo, para salvarme y así poder salvar a alguien que esté peor que yo y que lee estas palabras marchitas y al mismo tiempo que florecen. Estas palabras que escribo en medio de esta mi soledad, porque es en ese momento en el cual soy más feliz. Donde escucho música que proviene de mis antepasados, esa música de mi amado pacifico, donde puedo escuchar al excitante mar he imaginarme como me llama para que yo nade en él; es en esta soledad donde escucho tantas melodías que me hacen querer bailar y cantar, sin importar que mi voz se escuche fea o mis vecinos quieran ponerme un pedazo de tela en mi boca, es en donde me muevo al ritmo de una mezcolanza que es lo que soy.

En ese momento todo en mi cobra sentido, y comienzo a reír como una loca que no se puede detener, que llora al ver una flor o la sonrisa de mi sobrino, porque mi felicidad viene de mí, y no de otros. 

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